
Abriré mis manos,
las pondré de espaldas y de frente al suelo
No serán más cómplices de nada, ni de nadie
No serán más el absurdo de un recuerdo opaco.
Y abriré mis manos como libertad.
Hoy merezco denunciarle al alba
Y apretar los ojos cuando caigan, de mis manos
Los recuerdos vagos, las palabras.
No estaré dispuesto más al tiempo suyo
Y mirándome al espejo digo:
¡Yo soy quien me habla y yo quien escucha!
Y soy yo mi tiempo, mi pasión y mi caricia.
No hay clamores, no silencios, ni delicias
Todo el mar soy yo, toda el agua y esta piel.
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