Siempre la encontré distinta, simple, pero extraña, diferente. La Claudia se paseaba con vestido cuando era otoño y le gustaba ir pisando hojas secas. Decía que le gustaba la sensación y el sonido. Era un placer que sólo se podía dar una vez al año y lo disfrutaba así, de esa forma, tomando en cuenta que sería sólo en ese instante que podía hacerlo, porque no habría otro otoño para ella tal vez, o porque simplemente esperar el siguiente era demasiado tiempo. Ella siempre me decía que las cosas hay que disfrutarlas cuando están, porque después se pueden ir o cambiar de forma: “Una hoja es siempre una hoja, pero sólo en otoño crujen y se rompen cuando las aplasto” Desde niño estuve enamorado de ella, y creo que si ella no hubiese sabido que moriría joven, yo jamás la hubiese visto ¿Qué gracia habría tenido siendo igual que todas? Nunca olvidaré la sonrisa tan dulce que tenía el día que me lo confesó. Dijo que moriría, pero que lo haría muy feliz, muy feliz de conocerme, de compartir conmigo su vida, por corta que fuera… su intensa y dulce vida. Dijo también que había esperado mi declaración de amor para ponerme al tanto de su situación de salud. A ella no le interesaba que le tuvieran lástima, que la “quisieran” por pena, por el contrario, amó de mí que yo la amara por como era, sin saber que moriría o viviría tanto o menos años. Ella es la primera y única persona que he conocido dispuesta a vivir, a disfrutar, a sonreír, a llorar, a gritar y sin dudar de nada. Tenía esa valentía a flor de piel, de no importarle cuanto tiempo ocupaba en llanto, cuanto en risa o cuanto en amor, cuanto en diversión o cuanto en estudio. Ella simplemente gozaba lo que la vida le entregaba a diario. Sabía querer porque quería y sabía amar porque se amaba. Una vez le pregunté: –¿Nunca te has preguntado por qué te pasa esto a ti? ¿Nunca te has preguntado por qué si no le has hecho daño a nadie?
Ella se tomó un segundo y sonrió, luego contestó:
–Las cosas no ocurren porque yo exista o deje de existir, las cosas pasan porque así son y ya. La gente quiere adaptar los hechos a sus vidas, pero no sus vidas a los hechos. Yo te entiendo la pregunta, pero ¿Sabes? Si me preguntara ¿Por qué me pasa esto? También tendría que preguntarme porque te tengo a ti. Vivir un sólo día es un regalo. La vida está llena de oportunidades, y los hechos son sólo eso, no condicionantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario