domingo, 17 de agosto de 2008

Inés y Jorge

Se sustenta la aurora en la faz de sus rostros,
se florece paciente y dormida, serena.
Hermosas las mañanas desconocen el otoño
y se visten de colores las sedas, prodigiosas
... en las cuencas de sus ojos.

Se parecen a las azucenas sus sonrisas amplias
sus miradas brillantes,
sus bellezas eternas.

Sus cantares vislumbran primaveras
y sus alegrías recorren los cielos
para bajar los paraísos, a los pies de sus besos.

Y me alumbran los senderos sus estrellas,
me componen la vida sus vidas
sus palabras longevas.

Jubilosos mis ojos comprenden la alegría,
jubilosos y diáfanos al pie de las hojas,
porque los llevo hasta el cielo
para darle gracias a la vida
... y regalar mis suspiros al viento,
para hablar con las aves
... con los brazos abiertos.

Silentes sus ojos acarician sus rostros,
cuando pasean en góndolas la luz de sus lirios
y el amanecer los hace perpetuos.
Si son hermosos, la voz de sus besos,
el sol en sus ojos.
Y me llenan el alma la luz de sus lazos
y saber que los amo
y que me aman sus brazos.

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