
Tu respiración se mezcla con el alba
y la mañana florece.
Con tu voz diluyes mi cerebro
y retuerces los pétalos marchitos de otras musas.
Tu blanca piel sensual luce como luna y sol;
cálida y risueña, fría y nocturna.
Enmarcas mi sonrisa con tu boca
y clavas en mis ojos tu deseo.
Cada vez que escucho tu voz
veo un ciego ver la luz
detrás de una luciérnaga estrellada,
con un ojo plasmado de bastones que iluminan
tu pelo... tu figura animal y delicada.
Huelo el aroma de un ángel sin alas
que se posa en mi almohada
y da inicio al alba con su dulce mirada.
Desnuda y expuesta al ataque de mis pensamientos.
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