Hubo tantos silencios recorridos...
si no disfrutara mirar sus ojos profundos habría de
rogarle volverle a oír
y tengo mis razones…
exquisita su voz, pero más delicioso lazarme a sus ojos.
Al siniestro espacio silente le acompaña miedo
la sensible susceptibilidad de abrir los párpados y
quedar desnudo;
así quisiera verle
a los ojos
y simular que soplo con esbozos suaves
en silencio
acompañado de respiración y tenue luz.
Cada gota de brío hiriente robarle
cada paraíso incinerado en parpadeos
mujer, niña, oasis, luz
sicario, demonio, limbo, oscuridad.
A simple deseo añadirle aliento
por si muriera luz
para viajar por dentro
e ir más allá de lo vidente
y derretir, tras congelar su boca, un beso.
Así le ofrezco afrontamiento
adherirle en hebras desde mí
y culminar con el braceo agónico
respirando desde la profundidad de nuestros pechos.
Jorge Galaz Acevedo
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