Guarda tu recato en un filoso anciano vientre
oculta tu horizonte tendido y esbelto
que parece recostarse pacífico y atlántico sin pensar
dale prisa al viento y salta
forja y sin bozal mastica, ladra y muerde.
Vuelve del salino mar para secarte
así abrazada en lenguas y abrigarte
¡Quema sus ojos!
¡Arde la piel!
Extiende tu brazo cristalino y quiébrate
grita pavor y fuerza
vuela y vomita el odio de la tierra
tapa nuestros ojos, cubre el sol
y azota la impasible línea sin curvas al final de tu
cuerpo.
Mar espiado
Mar que vas manoseado y vivo
tanto que guardas en tu vícera
tanto que mueves tus sienes
salta hacia el cielo
y cántame tu oleaje…
Jorge Galaz Acevedo

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