
Tu sexto sentido es quien me hiere,
tu macabra forma de besar.
Es sabrosa, pero intensa fiebre que provoca,
tu florete de gemidos, insinuando roces.
Te toco la ropa, la piel,
te toco la entrepierna y me sofocas:
tus gemidos en mi oído,
tu aliento perdido entre mis labios,
y tu sexo.
El brillo de mi lengua por tu cuello es una estela,
es la fresa que derrite tus cesares.
Te reclamo la distancia, porque es celda
y eres agua entre mis dedos,
humedad entre mis uñas;
te sostengo del cabello, con mis manos.
De rodillas desearía revocarte,
tú desnuda entre mis manos,
yo desnudo entre tus labios.
De rodillas, que mi lengua te visite,
respirar tu fiebre, y comer tu fuego.
Tú reclamas aire,
yo seré tu amante.
Herviré dichoso entre tus manos,
por tu boca, por tu sangre.
Volaré a tu tierra y a tus aires,
estaré en tus noches, por tus senos
y seré vocero de tus bailes.
Si deseas morderé las cimas de tu pecho.
Lloverá en tu cuerpo mi ceniza,
y tu piel será mi seda.
Vestiré tus ojos,
si esta noche lo deseas,
romperé los vidrios, borraré las huellas.
Primaré tu vuelo a mis delicias
y será delito transgredir tu espuma.
Profanar tu enigma es mi deseo,
desafiar tus vicios
y alienarme a tu cintura
hasta hacerte mía.
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