Omnipotente, desde el intento de la vida y hasta el logro de la muerte
Entre la sonrisa pura y mi anhelada paz, existe
Se sostiene e inhala aire del aire y bebe agua del agua
Como adversaria insaciable a mi búsqueda infructuosa de sosiego
Como si no bastara acicalar el hierro de su boca con filosos brillos lacerantes
Nada ha de gustarle más que el intenso almíbar de mi sangre
Nada ha de agradarle más que mi humedad salina
Aquel palpitante drama que ebulle de mi carne.
Océanos completos buscan penetrar la roca en su jadeo fulgurante. Mas
ni el brío del sol ardiendo sus ojos es capaz de amarle.
Y yo, apacible y quieto, adversario de sus armas, soy calibre de su vaina.
Es patriota su grito imponente, intimidante
No hay tierra que contenga tanta lluvia en su tormenta
Y yo me visto de jardín para absorber su agua, su hierba y devorar su fruto
A veces me sugiere Dios que no le vea mientras la contengo en su epilepsia
Somos herederos del polvo de una hoguera, propietarios de la sequía gris y estéril de la luna
Por cuanto en estos días de lascivia, tal cual se escuche, su sabor a mar es oro
Adversaria de mi paz, patriota de tu sangre
Es placer sentir el barro fértil de tu piel rebosar entre mis dedos
Y chapotear sobre tu monte mientras llueves sobre mi carne tu tormenta.
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Jorge Galaz Acevedo
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