Esa mañana te hallé
en el despertar de mi alma
y te hallé entre mis brazos de papel
sujeta de mi vientre, de mis manos y mi sien.
Esos días de sol y frío te hallé
cobijada en vestigios de guerra, enterrada en inviernos
te hallé en mi aventura de idilio rumiante
y te vi cual sirena
sumergida entre rocas, hermosa y perdida entre mares.
Y me hallé, junto a ti y te hallé
me tallé a tu cintura de hielo y combatí tu hiel
avancé sereno y eterno por tu imperio, tu soledad de sangre
y me abracé a tu piel en intención de armarme
hasta el pecho y allanarte…
Aquellos días me arrimé a tu cielo y me dejé caer
aquellos días me alcé a tu tiempo y te dejé correr
… volviste.
Te hallé, juraría que te hallé
y en realidad me hallaste, mi viste a los ojos y dijiste:
¡Siempre has sido mío!
y creí mi plan era perfecto
y fui yo el que corrió y volvió
de donde siempre he sido, de donde siempre fui.
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Jorge Galaz Acevedo
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