Tal vez hubiera espacio para los deseos del tiempo si no
Y volver un minuto atrás fuera posible
Pero tantas vueltas sobre sí lleva, que en su egolatría incontenible,
Jamás daría un paso atrás por mí.
¿Qué sentido entonces tiene este deseo?
Ella ya no está para beber un tinto a media tarde
Tanta necedad en mi capricho
Tanta que ha de ser blasfema esta intención de hierro
Y yerro mi paso viendo cuanta luz viene detrás.
Ante algún llamado sigo aquí
Bajo el mismo segundo en que el sol me halló la última vez
Aunque cada día otra vuelta ella de, y sobre sí también yo
Arrimado a su centro, girando también sobre mí.
Comprendo entonces el paso del tiempo
Y la desolación que agiganta en cada ocaso
Y en cada ocaso otra pieza a la armadura
Girando sobre sí, sobre sí, sobre sí
En armadura hasta ella.
Qué necio, y pedir a la arena
que su forma de abrazar no fuera efímera con mis pies bajo el mar.
Qué necio y ansiar que al ego lo venciera el tiempo
Cuando en cada vuelta otro giro suma
Y también giro yo, en esta misma celda.
Qué necio y esperar otro destino
Cuando en cada giro el fin se topa al inicio
Y la esperanza se ciñe a encontrar su camino
En el mismo lugar
Austera de piel
Sostenida en acero, egoísta
Una y otra vez, siempre sobre sí.
¡Maldita vejez que vuelve bastardo hasta al mejor hijo del sol!
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Jorge Galaz Acevedo
Jorge Galaz Acevedo
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